Usamos lo que casualmente llamamos el desconfío para protegernos a nosotros mismos de lo que pueda pasar. Se convertirá en una costumbre tan grande que llegará a formar parte de nosotros. El miedo al ser traicionado ya no existe porque en nuestra mente habrá una vocecita, siempre presente, que nos dirá "cuidado con lo que te pueda pasar". Bien. Hasta ahora todo parece ser positivo, porque así nos evitamos sufrimientos inútiles. Pero entonces... ¿que pasa cuando ese desconfío nos persigue e impide entregarnos a alguien que se lo merece? Que pasamos al lado de algo grande, que pasamos al lado de lo que es la vida. He ahí mi problema: confiar o no confiar. O más importante aún, mi duda sigue estando en cuando es el momento de confiar. El reconocer una persona decente se convierte casi en un arte que hay que saber utilizar.
Seguiré trabajando en ello hasta que lo consiga, si es que lo hago algún día.
-Shine.